lunes, 21 de julio de 2014

Canto nicaraguense


Nación de mi ilusión en el ruido de la locura,
Mi opio vespertino anhelado y extasiado
Donde hoy azulados lagos sudan libertades
En sus aguas sedientas con ideas cenicientas.
Frígido torso de quietud sobre mi alma
Abate de trizas burlado y fatigado.
Qué suene el céfiro y me revele la crueldad
De esta enmascarada mentira.
A veces se anidan en su belleza flores mentirosas
Deshojadas y el volcán que ya no parpadea.

Duele el corazón ver tu cabeza degollada
Y tu espíritu lacerado donde la palabra clara
Se ha sacrificado, sé muy bien qué tú lo sabes.

Me fastidia a veces que la pura rareza
No haga mucha diferencia:
Alacranes pican en las puertas del destino,
Polillas carcomen las córneas de la nación,
La acompañan en su marcha al epitafio.

Me invaden espejos esplendorosos
Para envolverme en la perversidad de su luminosidad
Y ser testigo de este sueño truculento y sometido.

Luces desgreñadas, que invitan al dolor,
Océanos felices derrotados,
Melodías que resuenan sin amor,
Piedras en panes multiplicados en agonías,
Detrás de un manantial que chorrea 
De belleza disfrazada,
En el canturreo de la noche,
No me pone a dormir.


Ivette Mendoza
2014

Gioconda Belli
Oda a un país gueguense

Este país me somete a su pasión, a su locura,
a la droga de tardes incendiarias
donde volcanes caminan horizontes abajo
sin que nadie los detenga.

Este país me pone sus pies fríos sobre el pecho
su rostro de máscara ilegible extendido como burla.
Me obliga a implorarle al viento que me explique la
voracidad de este engaño.
El rasguño, el rapto, el olor a podrido que se escapa a veces
de sus flores
más esplendorosas.

Este país sabe que no quiero ver su vientre adolorido,
sus vísceras laceradas, las cicatrices de múltiples heridas
la huella de punzantes dardos, de puñales enterrados.

Este país me hace odiar que mis sentidos no discriminen
y borren las visiones oscuras antes de que me toquen:
Espaldas apaleadas que gimen como bocas,
rostros maltrechos desalojados por la esperanza.

Este país suda sus mediodías luminosos
para que yo crea en la torva perversidad de su belleza.
Para que no levante el sudario resplandeciente de sus
paisajes,
y vea a la muerte traficando huesos bajo mis narices.
Embadurnadad de lágrimas me tiene este país.

Sale la luna alfanje a descabezar luciérnagas.
Los grillos cantan notas de sopranos imposibles.
Los vientos alisios revietnan olas invisibles en mi balcón.

Pero ya no hay belleza que me engañe,
ni arrullo que me haga dormir.