lunes, 14 de julio de 2014

Menopausia como lobo feroz


Todavía nos somos amigas
Pero, pienso que no
Eres tan perniciosa ni feroz
A como muchos te pintan.
¿Se habrán quejado
Nuestras femíneas raíces?
¿Te habrán permitido quejarte?
Siempre pasa que una rosa al venir
De regreso de las cimas o las empinadas,
Sus pétalos se van marchitando
Pero en su alma un caudal
De acero se va formando.
En modernos tiempos,
A la rosa de treinta o
Más primaveras,
Libros se escriben para
Echarnos el mono
Y hacernos sentir
Que la Menopausia
Es el mal del encanecimiento
Que causa tanto y tanto sufrimiento.
Por cada blanquecido pelo una lágrima
Alrededor, por cada canicie
Una queja de dolor.
Somos más que el simple
Furor de adrenalinas, o más
Que un árbol que da frutos,
Perder la menstruación
No es caminar por 
Arenas movedizas
Ni por cristales rotos.
La temida madurez siempre
Lleva más agua al molino
De la sensatez.
Es hora de vitorear
Este nuevo pasaje de la vida,
Que si te llega la melancolía
¡Acéptala! Que no te lleve
Al abismo de la agonía.
Sobrevivimos en las duras
Y las maduras pero el
Universo cambiante
Se encarga de reestablecer
El cuerpo a su armonía.
Que venga el arcoíris y tiña
A colores las toallas sanitarias
O que se las lleve el viento
A la conquista de otras locuras.


Ivette Mendoza
2014

Gioconda Belli
Menopausia

No la conozco
pero, hasta ahora,
las mujeres del mundo la han sobrevivido.
Sería por estoicismo
o porque nadie les concediera entonces
el derecho a quejarse
que nuestras abuelas
llegaron a la vejez
mustias de cuerpo
pero fuertes de alma.
En cambio ahora
se escriben tratados
y, desde los treinta,
empieza el sufrimiento,
el presentimiento de la catástrofe.

El cuerpo es mucho más que las hormonas.
menopáusica o no,
una mujer sigue siendo una mujer;
mucho más que una fábrica de humores
o de óvulos.
Perder la regla no es perder la medida,
ni las facultades;
no es meterse cual caracol
en una concha
y echarse a morir.
Si hay depresión,
no será nada nuevo;
cada sangre menstrual ha traído lágrimas
y su dosis irracional de rabia.
No hay pues ninguna razón
para sentirse devaluada.
Tirá los tampones,
las toallas sanitarias.
Hacé una hoguera con ellas en el patio de tu casa.
Desnudate.
Bailá la danza ritual de la madurez.
Y sobreviví
como sobreviviremos todas.