sábado, 27 de febrero de 2016

Era él la fresa



Era él la fresa

Era él la fresa que nació salvaje,
De su arcilla se hizo fruto
De su solitud, un amor arisco.
Rara costumbre embriagadora
Que rehúsa caer de bruces en mi anzuelo.

Discursiva rabiata de nostalgias,
Bipolar y caprichosa
Encerrada entre mitos
Como el poeta que busca el vino para
Declamar su historia.

Tomar el sartén por el mango
Y pedirle a Brad Pitt que me haga el amor,
A veces llega pronto
El más sorpresivo milagro.
Ivette Mendoza

Sacro anciano




Se sabe sacro el justo anciano
Del haz de levadura, nívea criatura
Su mano delinea el contorno
De su sabia y elocuente figura

Frágil lienzo del altar
Sacra su esencia floral
Del sol magnánimo y hermano
Que lo guarda como alma pura.

Catedral afluente de luz vital
Plegaria y gloria en su vestidura,
Surgen notas suaves de abecedario.

Bajo la undosa llama del rosario
Escapulario, sale un gorrión hacia
Al campanario y toca las campanas
Sin demora.

Ivette Mendoza