miércoles, 24 de febrero de 2016

Mordí la manzana

Mordí la manzana con toda y su tentación y lujuria.
Me tienes hasta el copete, pensando que con ese
Perfume siete machos te voy a querer más.
Una herida sana restregándole jugo de limón y un poco
De dignidad.
Siendo hoy un día tan ocupado, dije, -hasta aquí llego-
Mi paciencia se ha ido de paseo.
En mi mundo de enredaderas cabe ahuecada tus ideas
De perfección.
Hay una bandada de clítoris que vuelan tan ligeros y
Llevan un calzón suelto como banderín.
He alimentado y domesticado mi instinto comiendo
Poesías.
Mi vecina es un satélite electrónico que va agarrando
Toda señal del vecindario.
Cualquier alimaña que se acerca a mí, sale noqueado
Por un pañuelazo, procuro no dejar testigos; veo
Tanto Forensic Files que se cómo borrar evidencias también.
Me gusta el hombre poeta, no aquel que se pasa la vida
Reparando su carro de ocho a cinco o sosteniéndose la jeta.
Después de muerto, se acaba el drama, el papel no vale nada.
Hiede tanto tu presencia que tengo que usar un spray
Para perfumar mí entorno.
Las sombras son como Drácula, resucitan por la noche
Sacando sus colmillos y por el día le tienen miedo a la luz.
Tus promesas van pegadas con mocos, mejor innovar
Espejismos.
Apenas mis ojos pueden ver, van llenos de correos
Electrónicos, el único antídoto es apagar el monitor.
Ivette Mendoza