lunes, 11 de abril de 2016

Bronceada desde



Bronceada desde


Bronceada, diluida dentro de los confines del sol
Con mis párpados fuego y sus sumisas pupilas.
Si no me acaricias me pierdo como la alborada
Ensombrecida por oscuras estrellas.
En tu océano navego como barca tranquila y
La brisa desde arribe nos sonríe.
Hay días de lluvias, días en que solo escucho
Tú susurro; mientras tu corazón es un libro
De cuentos románticos al que me pongo a leer.
Soy cien corazones en uno, soy un alma contenta
Que centellea como haz de luz, cien corazones
Que me rodean.
Caer rendida sobre el manto astral de la noche,
Dormir entre sus alas de nieve y su follaje sonoro;
Luna más luna su canto de cuna, sus misterios
Que atesoro.  
Se traga mi clara visión la última demencial inspiración
De un poeta, se convierte en letras,  se hartan mi
Razón, me hacen poeta.
¡Olé, olé! Fogosidad de mis piernas haciendo
Ruidos, sin poder escapar de su música atolondrada,
Pero al final me hace reflexionar que soy  nomás un
Pájaro comiendo migajas de pan en otoños ruidosos.
Me sueño imperfecta y feliz reclamada solo por
La inmensidad del mar cuando se despoja de sus
Fatuas olas miopes.
Ivette Mendoza