sábado, 30 de abril de 2016

Un hombre para alegrarme



Un hombre para alegrarme
Con su voz de trigal, surge de la loma,
Cae sin fin a las aguas del rio,
Ríe, llora, bendito seas.
Cada instante eres el grafitis tatuado
En la tierra, pronto a mi auxilio.
Nada para que mi corazón se emocione,
Nada para que mi alma reaccione,
Habla esplendor su lenguaje, sube
Al cielo de tus labios.
¡Ah! Despiertos veremos la rojiza
Infancia del contorno de la luz y su
Recién nacida ternura.
Escúchame:
Tus manos palpan mi vientre y
Encuentran sus frutos y rodamos
Jubilosos dejando las cosas a la
Brisa de la vida.
Un sí, con sabor a durazno, alzan
Tus ojos y me miran, zarpamos
Al mar, al viento, al aire, a la fuente
Del amor, sin malos entendidos,
Solo gestos visibles y palpables.
Ivette Mendoza