sábado, 27 de agosto de 2016

Era una noche de verano




Era una noche de verano y elogio
un presentimiento de agua rutilante.
Tanto deseo atravesó
la luz y los destellos del mar
que era su destino el vestido floreado del bosque.
Hábil regocijo. Blandas ataduras.
El día celebra la muerte de la noche
hasta hacer tangible el tiempo
en los zarzales azulados de tus ojos.
Aquí la plenitud del verdor irresistible,
a veces saca las ideas
hacia la blanca ceniza del mundo,
y todo suma y no resta,
sobre tus labios la clara savia de azahar.
Ivette Mendoza