viernes, 5 de agosto de 2016

Septiembre





Septiembre, la palabra reverencia del mármol dios,
luna de emboscada que se rinde bajo el amaranto,
cinco mil términos pronunciado en el idioma dramaturgo,
¿Y quién tocará la puerta de lo oscuro?
Un cochero en su caballo va mal herido en la cuesta empinada,
y cómo pudo ser y quién más pudo haber sido,
el que le dio la estocada mortal.
Lo vio la crisis de la madrugada que ensayó la muerte,
lo vio con su anillo de Septiembre, para adelgazar incidías.
Otra contienda en el mar de ecos, glucosa nominación que
irradía melancolía.
La párvula estética con trazos góticos y empañados; el triángulo
amoroso de su pena capital y su diabética alcurnia.
Septiembre, la palabra reverencia; Hierofante maduro de mente,
ciego en los crespones de la luz, índigo pero lejano.
Fuerte escalofrío va cerrando mis venas, fuerte tropezón
que di en la hojarasca del sueño, fuerte el golpe que sufrí
en los arbustos de la angustia.
Hecha y derecha sin saber a dónde huir, hecha y derecha sin
saber que hacer cuando me fue vendado los ojos en el naufragio
de un soneto. Solo en el naufragio de un soneto, el norte me
llamaba; el sur me rechazaba. Septiembre, la palabra reverencia
y la brusca almohada del tiempo.
Ivette Mendoza