jueves, 29 de septiembre de 2016

Grandioso era



Grandioso era, pero era sólo un instante,
y milenios el océano sin desbordarse;
inalterable era, y vino a alucinante
una y otra vez pudo bien acongojarse.

Para más y más tormento arrinconarse
con frívola convicción siguió irritante;
por bien o mal decía y decía apasionarse
pero al parecer era cruel y vacilante.

Bien contiene sal de males y razones
por eso decide acabar de golpe con los días
sin saber que dejaba atrás lo que era suyo,

que eran penas y tercas  interrogaciones,
el bien anduvo y anduvo con melancolía,
el mal se unió a probar un trazo del orgullo.
Ivette Mendoza