domingo, 5 de marzo de 2017

Mis pasos lo seguían

Mis pasos lo seguían,
jamás debió darse cuenta
sobre todos los minutos esenciales.
Un bosque de ciruelos
crece en la niebla
para que sus huellas
se pierdan en el horizonte,
se desintegran en el encandilado
firmamento,
con sus garras intocables
su espada contra la alborada
claridad aparente, gesticular razón
de ventrículos ademanes.
Entre corazón y corazón,
labios, candil, pecho, pureza y aroma
y silba la letra y su parpadeo apaga la luz
en su versificada hora de escarlata.
Ivette Mendoza