viernes, 21 de abril de 2017

El amanecer de pechos despiadados



El amanecer de pechos despiadados;
dame una vuelta entre los olivos para
afirmar la picadura que me da el
escorpión.
Cata catapulta cata en el empuje un
alacrán y eso fue en un día lunar,
lunares son parte de tu cuerpo.
No nos confundamos, ya lo dije,
hay que darle rienda suelta a las ideas.
Aquí arisca como el gato mimoso que
me enseña a acariciar.
¡Oh amor! yo te puedo dar a ti lo que
Dios te prometió y no te dio.
Soy el perno pesado que lleva tu alma
hasta dejarla huérfana, hasta dejarla
trasquilada, aunque yo sé que la
llevas empachada.
Volantín que me doy con las botas
puestas, la otra forma de llevar la vida.
Reconstruir el alma con cirugía plástica
y dejarla más estirada y virulenta es
obra de un doctor que reside en el averno
y yo sé como se llama. Atragantarse de
tanto sushi y quedar abombada hasta
transformarse un una japonesita de
azúcar como esas muñequitas de tiras
cómicas.
Una punzada en el oído, peor que una
punzada en el corazón, es que yo no
soy muy sentimental.
Ivette Mendoza