martes, 28 de noviembre de 2017

Pierde la voz

Pierde la voz, que se quema sin frutos,
multiplicación de panes. Pierde
la coherencia de brevedades, que agrandan
los tentáculos sobre el grito
del tiempo, instante de pausa
en la presencia. Pierde la vaguedad
de la caricia. Aclamación de necesidades,
rizoma de la luz en la niñez, invención
del planeta con una devoción tolerable.
Pierde la inquietud de los panes, que conlleva
concreción en el tiempo: acato
lo que se me presenta ante la melancolía.
Siglos sobre la idea que pica en la punta de la
lengua.
Este es mi destino para lograr
la góndola meteórica del amor.
Alma fuera del cuerpo,
canto inverosímil de una vida efímera.
Ivette Mendoza