martes, 9 de enero de 2018

Zigzaguea en medio de la calle

Zigzaguea en medio de la calle.
Zigzaguea la anaconda en su ronda,
paciente,
Respira el rocío de níspero y de beodo
con los ojos más culpables que la culpa.
Amasijo sus idea bajo el torso.
Deja de reír, pequeño espíritu.
Deja que el vapor se propague por Islandia.
No hay noches en que velar al leopardo,
el zorro es el único valeroso parecido,
guardan mañas pre-oxigenadas.
Recuerda que los gatos salvaron
lo ya arañado
en el cartucho cucurucho transfigurado.
Deja de reír,
la risa solo mata, matador de carcajada
y ya no puedes apostar a la puesta del sol.
Ándele, ándele pequeño cartujo cara ajada
y sumarás los días de las pirañas catadoras de vino.
Y no queda más remedio que volver a la edad
de la ebriedad
y venerar a Baco
convertirse igual que el celibato
y el vino, vino  a dar lo mismo,
y comió fritanga, yuca y boniato
y descansó en mi nuca.
Tanga, tango, oro y fango.
Ivette Mendoza