miércoles, 7 de marzo de 2018

Mesa que se viste con mantel triunfante

Mesa que se viste con mantel triunfante
me ilumina el sentimiento, en mañanas de porcelanas.
Siempre a la hora del desayuno, los platos empiezan a tararear,
siempre es la hora cuando los pájaros empiezan a cantar,
la base principal es el café que como latigazo quita el sueño,
dentro de las tazas pende un orgasmo extraordinario,
dentro de las tazas ibas tú, herido y solitario,
y yo con tanto argumento te ahumaba el momento pero
las vajillas familiares me inducen al sueño de coqueta,
para que los besos sean más jugosos,
pasando a vencer la lógica de los cuchillos,
mientras tú te quedes maniatado a mis brazos.
Siempre a las siete en punto de la mañana
se cura toda herida de los descalabrados corazones
seduciéndolos, abrazándolos, acariciándolos
porque los tiros en el blanco desatan la tentación de despreciarse.
Dame otra taza de café, ofrécemela, sírvemela, endúlzala
y así nos pasamos la vida Premium dorada,
late o cappuccino, aroma de aurora, oro, oro,
tango de mochaccino alumbra soledad.
En el tanto palabrerío las tazas pueden llegarse a romper
y no podemos darnos el lujo de lamentar en esta mesa del amor.
Ivette Mendoza